La piel de un escritor.

Consumado lector y escritor de distintos géneros de novela, incansable viajero del mundo y explorador de sí mismo, hacia el “misterio esencial” que habita en cada uno de nosotros, buscador de la sensualidad en la prosa, cual hipnótico ritmo del despertar de los sentidos a través de sus frases, este senderista de su destino, Alonso Cueto, “sentimental recuperado”, buscador del equilibrio de alguna carencia -aún velada para nosotros- a través de la creación de otro universo no menos ficticio, nos entrega en un lenguaje auténtico y sobrio el resumen de lo que hasta ahora ha sido su camino desde el principio, cuando se decidió o se le reveló de súbito su hado siendo aún infante.

Según Alonso Cueto, los únicos tesoros de un escritor son “el dolor, la pérdida y la nostalgia”; y, todas las narraciones pueden definirse como derivantes de un mismo punto esencial: “las relaciones entre seres humanos y la ley”. De este modo, “las experiencias más extremas del dolor y la muerte son esenciales en la formación de un escritor, así como su distanciamiento de ellas” frente a la imposición de estar vivo. “La muerte, la fractura, la separación, son zonas de exploración de lo humano; la única arma de un escritor es el dolor”. Insiste: “El sufrimiento es un proceso de conocimiento de uno mismo y del mundo. Solo en el sufrimiento se realiza el proceso de la conciencia. La felicidad siempre bienvenida, es más bien un proceso de olvido del yo, de ignorancia de uno mismo, de confusión con el mundo. En el dolor, por el contrario, hay una conciencia infinita del yo en su separación del mundo, la premisa de un escritor.”

Para ser justo con Alonso Cueto y con el probable lector de esta reseña, invito, con vehemencia y respeto a que se lea este pequeño resumen de las motivaciones, pensamientos, conclusiones -en constante cambio- de un escritor que se pasó la vida leyendo y aprendiendo a través de su distanciamiento -¿en tercera persona?- del dolor y la oscuridad de la vida. A lo largo de la lectura de este libro, una y otra vez fue inevitable que me detuviera a pensar en la pregunta hecha por el filósofo rumano Emil Cioran: ¿Qué es preferible: una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado?

Dando a término el libro y también esta reseña, el autor nos hace entrega trece sugerencias oportunas para escritores, o aspirantes a escritores o para gente nada más interesada en todo o nada a la vez. Una de ellas, la primera precisamente, tan sabida por todos y al mismo tiempo nada tomada en cuenta, es: “La literatura es una cuestión de oído. Lee lo que has escrito en voz alta. Repítelo y corrige los tropiezos del ritmo hasta que suene bien. Por sonar bien se entiende una relación fluida entre el sonido y el sentido. La literatura, como la música, ocurre en el tiempo. No hay mejor prueba que la voz.” No tan entendido desde Flaubert, Joyce, Proust y tan repetido alusivamente por los sucesivos perfeccionistas del estilo que, parece -y esto lo digo desde mi propio olvido-, que se nos pasa por alto muchas más veces de las que desearíamos, así como varias ideas que el autor de La Hora Azul en este libro nos da simplificados después de haber vivido él, la peor y más creativa parte, en pro justificativo de “las relaciones humanas y la ley”, cual analogía y cuento ejemplar del paraíso contendiente del germen de su destrucción, la serpiente, Adán, Eva, y su natural curiosidad móvil de su libertad y aniquilación.


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Goethe: Lebensdichter

En su estudio titulado “Trayectoria de Goethe”, Alfonso Reyes Ochoa llama al autor del Fausto el “poeta de la experiencia inmediata”; según el mexicano, el alemán “nunca quiso pensar en el pensamiento, solo en las cosas”, ver lo que acontece. Es el poeta de la vida, Lebensdichter, en su lengua materna. Entonces, según Reyes Ochoa, para estimar con justicia a Goethe hay que verlo acontecer. Por eso escoge no hacer ni crítica literaria ni biografía, sino una combinación de ambas, y reflexionar sobre el impacto que las experiencias de vida del alemán tuvieron en sus escritos. Este libro se divide en seis partes, que cubren períodos cronológicos de la vida de Goethe y se corresponden con las etapas creativas de su quehacer literario, cuya evolución intelectual y artística examina Reyes Ochoa, quien reparte los contenidos de su estudio en cuatro etapas: del nacimiento de nuestro autor hasta sus 25 años, de los 26 a los 36, de los 37 a los 39, y desde allí hasta su muerte.

Según Reyes Ochoa, Johann Wolfgang von Goethe estaba lleno de un “romanticismo desbordado”, que no solo casi le cuesta la carrera sino la vida; se decía a sí mismo ‘alma errante’. Es en este “desbarajuste emocional” que se ancla el estilo del alemán, brilla y consigue longevidad; el desorden en las emociones le dio fecundidad literaria. Demostraba unos raptos de inspiración cambiantes y vertiginosos con alta fluidez narrativa. En todo lo filósofo que era, sentía una preferencia por lo sensorial antes que por las abstracciones filosóficas y un amor por la naturaleza, derivada de su “aceptación panteísta”, en palabras del mexicano. Ver acontecer las cosas era su regla para “el encaminamiento de los estudios naturales”, lo que no solo lo convirtió en científico sino que lo llevó a encontrar la deidad en el entorno; de este ‘espontáneo’ panteísmo nacería su famosa obra teatral antes mencionada (además de una temprana afición por los títeres).

Su tumulto emocional es lo que marca el ritmo y el tono de su obra; es en estos altibajos que vemos lo bello de sus líneas. De ahí que sea uno de los representantes del exitoso Sturm und Drang, movimiento que atravesó todas las formas de arte en el tiempo de inicial apogeo del trabajo de nuestro autor, puesto que abogaba por dar rienda suelta a los extremos emocionales y la subjetividad del individuo: tormenta e ímpetu, como se traduce a nuestra lengua. Claramente caótico, pero Goethe, dice Reyes Ochoa, defiende el “tener derecho al desorden de las ideas”. El problema era que “entre su experiencia viva y su creación poética estaban rotas las aduanas” (Reyes Ochoa, p. 31); tenía solo “raros instantes de quietud”, y “esta tremebunda vitalidad iba acumulando el tesoro de su genio, pero estaba expuesta a mil peligros y era capaz de destruirse a sí misma”. (Reyes Ochoa, p. 31) Nuestro autor defendía la intensidad emotiva al escribir diciendo que “la corrupción de lo excelso es la más espantosa” (p. 33), pero sobrevivió a su hoguera apaciguándola poco a poco. Es así que pasa al Sturm und Mass, tormenta y mesura, con lo que la vorágine de sentimientos reduce su cualidad aplastante.

Al familiarizarse con las personas que entraron y salieron de la vida de Goethe, las interacciones y los relacionamientos que ellos trajeron y en qué momento sucedió, uno distingue el origen de los personajes de sus historias, ya sea Margarita o Clara, Mefistófeles o Werther. La brillante mente de Reyes Ochoa guía su hábil pluma, empujada por una “poderosa intropatía”, en palabras de Agustín Basave Fernández del Valle, por el alemán, para llevarnos de la mano en un viaje, a la vez complejo y diáfano, a una de las mentes más poderosas y celebradas de la historia de las letras. Para entender de forma más integral al creador del Mefisto, este libro es esencial, en utilidad y en agrado al leer.


Alfonso Reyes Ochoa, prolífico pensador mexicano –con un premio literario internacional a su nombre entre cuyos ganadores se cuenta Carlos Fuentes–, nominado al Premio Nobel de Literatura cinco veces, cuya obra en prosa incluye narrativa, teatro, crítica, ensayo, periodismo y traducción, quien también escribió verso, incursionó en la filosofía y fungió como diplomático, además de fundar El Colegio de México y El Colegio Nacional e integrar la Academia Mexicana de la Lengua. Es también ganador del Premio Nacional de Literatura (1945). El Fondo de Cultura Económica tiene reunidas sus Obras completas en 26 volúmenes.

Además de escribir ficción en la forma de novelas y teatro, poesía y crítica literaria, Johann Wolfgang von Goethe también escribió crítica estética, tratados sobre botánica y anatomía, sus memorias y su autobiografía. Inició, con Friedrich Schiller, el Clasicismo de Weimar y se hizo presente como filósofo naturalista. Es tan científico como es escritor y tan filósofo como es dramaturgo. La palabra que mejor lo define es pensador, igual que a Alfonso Reyes Ochoa. Esto es lo que los une.


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LITERATURA DE IMAGINACIÓN: CHIMAL Y SUS MUNDOS POSIBLES

El escritor y ensayista mexicano Alberto Chimal nos reta a pensar otro modo de comprender la llamada literatura fantástica con un denominativo diferente: “literatura de imaginación”. Y lo hace afirmando: “En el propio mundo de habla inglesa se habla de weird fiction, por ejemplo, y aquí [en México] de literatura de imaginación. Esencialmente es lo mismo: se trata de expresar ciertas experiencias humanas, sobre todo de nuestro interior –anhelos y temores, sueños y pesadillas– mediante imágenes en las que no creemos, para preguntarnos cómo definimos lo que es cierto, quién nos enseña a hacerlo, de qué otra forma imaginar no solo un mundo ficcional, sino la vida cotidiana” (2016).
Reconoce ya una tradición de lo fantástico, iniciada según él con Poe, Shelley y otros más en el siglo XIX, de los cuales, hasta ahora, se han ido nutriendo generaciones de escritores y lectores en el mundo occidental; sin embargo, postula que, producto de las industrias culturales, lo fantástico de pronto se fue tornando en un género, “la literatura fantástica”, elaborado y “secuestrado por los que venden a Harry Potter y los que venden la fantasía heroica, la épica estilo Tolkien” (cit. en Aldán 2013). Contra la etiquetación comercial, su propuesta entonces es llamar a un tipo de literatura, la suya y la de su generación, más libre, más abierta, menos encasillada en alguna estructura “estándar” y “homogénea” (Chimal 2016), una que, en efecto, es la “literatura de imaginación”, que denotaría las preocupaciones y experiencias propias, ligadas todas ellas, a deseos, miedos, percepciones o visiones y las propias pesadillas que alimentan y pueblan imaginarios cotidianos de las personas día a día.
Esta primera forma de denominar una cierta literatura que pretende escapar a lo convencional-comercial es, quizá, la primera marca de la obra de Chimal cuyo trabajo abarca la novela, el cuento, el ensayo, la minificción, el relato ilustrado, el cuaderno en Twitter y, con esto último, el aprovechamiento como herramienta de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Respecto a una generación literaria, Chimal se define como parte de la Generación Z, donde Z es la inicial de “zombi”, generación que nació en la década de 1970 que, diferente a la generación tradicional, a la que llama “los narradores del tiempo y la memoria”, escritores de “sufrimientos y pareceres individuales alrededor de esta visión de lo incierto y de la desorientación de un momento […] de crisis” (Chimal 2013b), los “z” son los que buscan “deliberadamente [oponerse] a la gran tradición del realismo mexicano, que […] parecía anquilosada y sujeta a los peores modos de pensar del sistema político y de la cultura que vivió –vive todavía– subordinada a él” (2013b).
El literato zombi, sin embargo, no es como se pudiera pensar en un apocalíptico a tiempo completo, como la figura del zombi connota, sino como alguien que sabe que antes que él ya hay una tradición literaria a la que trata de impugnar. Dice Chimal: “los escritores zombis no niegan del todo lo que dijeron antes de la catástrofe, pero ahora lo dicen de otro modo” (2013b). El punto de inflexión es la “catástrofe” cultural y política mexicana que culmina con la masacre de Tlatelolco, hacia 1968, y el cambio de conciencia nacional que lleva a México a repensar su futuro sociopolítico en función de las nuevas mayorías. Aunque Chimal no señala este acontecimiento en concreto, hay quienes como Susana Rosano que hablan de Tlatelolco como el fin de una época y el comienzo de otra donde, incluso en la literatura, se sintió claramente la ruptura con la tradición o el canon mexicano y el nacimiento de propuestas de narrativas distintas en tono creativo fantástico, donde, en su opinión, Chimal descuella (2015). Más que los escritores que luego empezaron a escribir inmediatamente desde la década de 1970, los “z” son en realidad aquellos que empezaron a resonar al inicio del siglo XXI.
De su generación, la “z”, la zombi, Chimal dice que: “cambian de género, se abren o se cierran a las influencias, modifican su postura ante el lenguaje: ante su lenguaje. […] Su fuerza es diferente: terca, díscola, y sus palabras son más enérgicas que las de un primerizo, y más desesperadas. En esto también se parecen a los zombis: ya no los pueden matar porque ya han muerto. Resisten y continúan” (2013b). Como se constata, no se quedan con una sola estética, sino que más bien se sienten exploradores, aventureros de mundos donde lo fantástico, ese territorio de subjetividades, de preocupaciones, deseos, sueños y pesadillas prima. Está claro que, con todo, la vida cotidiana está presente en sus textos. En el entronque de los territorios de la realidad y la imaginación, por ello, la recurrencia de Chimal a autodefinir su literatura como el “de imaginación”, es decir, una literatura que desde lo extraño se trata “de que se lea de manera diferente lo que ya hay” (cit. en Aldán 2013). Se trataría de ver al sesgo: tanto el escritor como el lector se desplazan un poco más en sus imaginarios al ver la realidad, haciendo aparecer lo real, si usamos la terminología de Slavoj Žižek (2010).
Es evidente que Chimal no reinventa una estética o un discurso literario; más bien trata de resituarlos a la realidad mexicana y latinoamericana o, si se quiere, trata de darle un nombre propio a la producción creativa literaria de Latinoamérica, distinta a la que se usa en el contexto del mercado occidental. De ahí que Chimal es consciente de lo fantástico (más allá de la “literatura fantástica”) y declara, que: “siempre he entendido lo fantástico como la exploración de los límites de la realidad, es decir, de nuestras visiones del mundo, con el consiguiente asombro, pasmo o terror en el momento en que se descubre que cualquier imagen de la existencia tiene efectivamente límites, zonas más allá de las cuales está lo inefable, lo numinoso, lo terrible” (cit. en Raphael 2007). La literatura de imaginación, en este contexto, bebe de la tradición de los primeros cultores de lo fantástico; actualiza sus presupuestos: es liminal, juega con las visiones para causar una cierta incertidumbre, lo que puede estar entre lo inexplicable, lo maravilloso, lo mágico o lo espeluznante. Ya Tzvetan Todorov (1981) le dedicó un amplio estudio a esta primera forma de lo fantástico cultivada por literatos europeos y norteamericanos del siglo XIX; por su parte, Chimal sabe que la imaginación fantástica se fundamenta en lo extraño, en el distanciamiento que hace el texto literario de alguna realidad. Por eso, recogiendo las estrategias de los primeros cultores, emparenta su idea de “literatura de imaginación” con el weird fiction. Sabemos que este término es anterior a H.P. Lovecraft, pero este se mete más con el terror que suscita lo inesperado (2009); sin embargo, Chimal lo extiende al punto de considerar una cierta atmósfera que crea, que roza con lo inquietante y que nos hace sentir a los lectores, curiosidad y a la vez expectación (Rodrigo-Mendizábal 2016). Es por eso su afirmación: “Cualquier obra de imaginación fantástica dialoga con el presente [para] observar la realidad de lado o por reflejo, más que por lo inmediato. [Con ello, hay] cosas que el realismo no dice” (cit. en González 2014).
En Chimal este modo de reflejar o de decir cosas que el realismo no dice es usando ciertas técnicas; por ejemplo, el “entrelazamiento” o usar referencias y ecos de otras historias dentro del cuento (Chimal 2010b); o el “realismo anamórfico”, o el “irrealismo sucio” (cit. en Raphael 2007), expresiones que aluden a la idea de deformar como si fuera un sueño o pesadilla algo narrado, o hacer aparecer lo sórdido y lo siniestro como algo humorístico o como algo natural. De hecho, estaríamos frente a una serie de modos de nombrar eso que en términos literarios se conoce como la hipótesis fantástica descrito por Gianni Rodari (2005) por el cual la realidad no se cuenta de manera lógica. Y es eso lo que está en juego en la obra de Chimal por lo que su lectura es desconcertante a veces, irreal en otros casos, desafiándonos como si fuera un juego en el que se cruzan la metáfora y el texto crudo que puede ser a veces algún sinsentido.
Chimal ha escrito alrededor de dos novelas, veinticuatro cuentarios que incluyen antologías, tres libros de minificciones, tres de ensayos, tres de novela gráfica, dos obras de teatro, un libro de poesía, además de ser traductor de Edgar Allan Poe, según Wikipedia hasta este 10 de octubre (Wikipedia 2017), es decir, un conjunto considerable de obras manteniendo el estilo de la literatura de imaginación, el weird fiction a lo mexicano. Mantiene un blog personal, Las historias, que frecuentemente se actualiza y donde se resume una buena cantidad de referencias y de textos propios. Y alienta diversidad de talleres de escritura creativa en Latinoamérica, así como concursos, siendo el campo de trabajo la plataforma Twitter, entorno que Chimal ha sabido aprovechar para lo que se llama la “tuiteratura” o el “cuentuito”. De hecho, aparte de la novedad de usar Twitter para la escritura literaria, su solo uso, con textos en 140 caracteres ya es un reto también fantástico.
Detengámonos ahora en ciertos textos de literatura de imaginación para poder evidenciar la magnitud estética que encierra la obra de Chimal.
Un caso particular es la novela Los esclavos [2009] (2015a) que puede decirse tiene dos historias que corren en paralelo: el de una adolescente que es sometida por una productora de cine pornográfico que además es su madre y el de un hombre que, para tratar de salir de su tedioso matrimonio, es el esclavo sexual de un millonario que se regodea reduciéndolo hasta lo animalesco.
Tales historias de por sí son truculentas. El tema esencial es la dominación y la sumisión. Es decir, no es que solo se lee cómo se ejerce un poder, si es que empleamos la terminología de Michel Foucault (2010), sino que hay quienes desean ser sometidos y, como tal, disfrutan de la tortura, al modo sadomasoquista. Para quien quiera leer Los esclavos al modo realista es posible que halle en el libro una tesis que confirme una especie de realismo sucio en sentido del reflejo de una realidad, la esclavitud sexual consentida, como si fuera la representación de la marginalidad violenta como podría plantearnos Christian León en sus tesis sobre un cierto cine latinoamericano (2005, 23-24); pero creo que Chimal se acerca a lo que él llama lo “irreal sucio” que en cierto sentido se parece a la primera definición que hiciera Bill Buford cuando trató de encuadrar, para la revista Granta, los relatos sobre sujetos anodinos, mundanos, no necesariamente marginales, descritos en tono de un “distanciamiento perturbador, a veces rozando la comedia” (cit. por Herrero-Olaizola 2012, 292).
En Los esclavos la atmósfera fantástica imaginaria es la realidad de un departamento donde una madre enseña a su hija a ser estrella de cine porno a costa de que debe aprender lo que se actúa, por lo tanto, no llegar a ser actriz sino “sujeto real”, la hechura de una prostituta de película, así como de un casona apartada de la ciudad, donde el personaje esclavizado por su propio deseo, es sometido como un animal y donde el “dueño” de su esclavo le muestra como un trofeo y un pasatiempo a quienes le visitan. La descripción de esa atmósfera es como el de lo cotidiano; la violencia que suscitan las imágenes de la esclavitud consentida es fría y distante. Lo perturbador o, mejor dicho, lo que deja en suspenso es el modo de imaginar la realidad. Un pasaje: “En la ciudad en la que está la casa hay, también, un parque muy exclusivo, custodiado por guardianes armados. Allí, Golo puede llevar a Mundo a pasear con una correa y un bozal y mostrarlo a otros dueños de mascotas” (Chimal 2015a, 53). Otro pasaje: “En sus fantasías Marlene castiga a Yuyis, incesantemente, y el signo más claro y constante de que su víctima está desvalida es la desnudez” (2015a, 110). En tono de comedia, lo perturbador aparece: un esclavo es llevado a pasear como si fuera una mascota; una adolescente es forzada por su madre a estar desnuda. Dicho tono es, si seguimos la lógica de la comedia, la de representar a los seres peores y desde allá moralizar, según Aristóteles (2003), en Chimal es poner en otro tono lo abyecto: pues la esclavitud no sería más que la exhibición de las miserias humanas. Y creo yo que el libro, Los esclavos, tiene que ver con ello, porque la esclavitud forzada o consentida es un modo de desnudar la vida en sentido de “miseribilizarla”, si me permiten tal palabra. Y lo particular es que, usando el dispositivo fantástico, Chimal además nos la presenta como un reflejo nuestro. Por algo en su obra, el millonario, una vez que se ha deshecho de Mundo y contrata una nueva esclava, nos hace conscientes que hemos visto una especie de película donde hay créditos. ¿Qué? ¿Hemos asistido, mediante la lectura, a una película de la vida? Lo peor de esa realidad aparece como si fuera un espectáculo; con este distanciamiento tendríamos que percatarnos que cualquier imaginario nuestro sobre la esclavitud sexual, además si somos silenciosos ante ello, es perverso.
Ahora consideremos un libro de cuentos, La ciudad imaginada (Nightmare Mix) (Chimal 2013a). Es la versión peruana de otra inicial publicada bajo el título de La ciudad imaginada y otras historias (2009). Más recientemente dicho libro fue publicado en Ecuador con ciertas variantes en el orden de sus cuentos y la inclusión de uno nuevo; el título de dicho libro es: La ciudad imaginada (Metro Mix) (2017).
De dicho libro el cuento “La ciudad imaginada” me parece un ejercicio interesante que reta la posibilidad de imaginar la ciudad (valga la redundancia) y cómo imaginarnos en su interior. Kevin Lynch en su momento postuló que los que vivimos en las ciudades, tenemos una imagen de ellas porque asociamos en nuestros recorridos o los lugares donde nos situamos, los recuerdos y la memoria; esto se da porque la ciudad, sus entornos, sus lugares, sus espacios, sus olores, sus marcas, tienen ciertas cualidades que hacen que las evoquemos con fuerza (1960, 1 y 9). Chimal parte del presupuesto de figurarse la ciudad desde la imaginación, es decir, desde las huellas o las marcas que tenemos de lo que suponemos es una ciudad. La cuestión parece complicada, pero no lo es, porque se trata que, basándonos en nuestra idea de la ciudad, pensemos en una ciudad. El narrador por ello nos invita con la frase: “Piense en la ciudad” (Chimal 2013a, 9), y a partir de ese pensamiento el proceso ir quitándole lo que hace a la ciudad: edificios, carreteras, instituciones, lugares de cultura compartida, etc., hasta encontrar a los habitantes como si estuvieran suspendidos o desnudos en cualquier lugar. De pronto nos damos cuenta que la ciudad que se piensa es un multiverso, con cientos de historias, de mundos, de subjetividades. De este modo, nos damos cuenta que lo que hace a la ciudad es “la carne […] que nunca está en silencio” (2013a, 12).
“La ciudad imaginada” es un cuento donde el narrador nos hace caer en cuenta que somos los creadores del espacio que habitamos y al que imprimimos nuestros deseos y angustias. Pero ahora, ¿qué pasaría si la mesa del comedor tiene en su interior un mar? Es la pregunta fantástica del cuento “Mesa con mar”. Una niña ve un mar en la mesa mientras su padre solo el tablón de la mesa; la niña habla con un marinero quien le pida cruzar de punto a otro para ir a otra mesa; su padre cree que son locuras inocentes de su hija. Uno podría decir que el asunto es como cualquier otro, de niños con sobredosis de fantasía que enfrentan la lógica racional de los adultos. Sin embargo, en el espíritu de imaginar la ciudad, en este caso tenemos un lugar, un espacio de vivencia, un espacio antropológico, al modo de Marc Augé (1996), donde la niña imagina las interacciones con su espacio y su imaginación. De eso se trata la ciudad imaginada: sabemos que ciudad tiene como origen por su etimología en el hecho de asentarse, de enraizar; entonces, este cuento como el anterior, acaso ¿no nos hacen conscientes de los lugares antropológicos, de vivencia, para reconocer dónde se origina, insisto, la imaginación de nuestras raíces?
Son solo dos ejemplos del cuentario La ciudad imaginada (Nightmare Mix), libro que incluye un cuento que homenajea a Jorge Luis Borges y otro a Roberto Bolaño, además de unos cuentos que tienen que ver con la ciencia ficción.
Uno de los temas claves de la ciencia ficción es el viaje a través del tiempo. Chimal es un seguidor de H.G. Wells (sin descontar otros que en la ciencia ficción dejaron profunda huella en su obra, como: Ray Bradbury, Philip K. Dick, Frank Herbert, etc.) y es por ello que su obra de literatura de imaginación bordea también la ciencia ficción. Desde ya los libros: El viajero del tiempo (2011a) y El gato del viajero del tiempo (2014) son ejemplos de su imaginación alrededor del viaje a través del tiempo. Sin embargo, hay otro que me parece de envergadura que se llama El último explorador (2012a).
Este libro, puede decirse, es un cuentario, pero al mismo tiempo una novela: en este predomina lo que Chimal denomina el entrelazamiento: cada historia se la lee por separado, pero se conectan de algún modo, logrando con ello un libro caleidoscópico. En esta obra reaparece su personaje característico, incluso una especie de alter ego: Horacio Kustos. Según Chimal, Kustos es un viajero, un explorador intemporal que busca “todo lo nuevo, lo no cartografiado/catalogado/asimilado/destruido por el aburrimiento, para contarlo: para hacerlo saber a otros y convencer(se) de que el mundo no estaba cerca de su fin, como era el ánimo en los días de su nacimiento [hacia el 2000]” (2012b). Kustos pronto fue esbozándose en cuentos y luego en un cómic y una novela gráfica. Con este personaje, Chimal ha explorado otros formatos: desde el libro, el cómic, la novela gráfica, el diario en Twitter donde Kustos fotografía la ciudad y escribe algún pensamiento.
De El último explorador, tomemos el relato “La concurrencia”. Recoge las anotaciones de alguna carpeta de apuntes de Kustos. Allá se habla de las máquinas del tiempo, en sentido de las máquinas de la visión y del emplazamiento. Sabemos que una máquina del tiempo es un dispositivo que, en el caso de Wells, era para ir al futuro más remoto, pero además el medio para extremar la mirada, hacer el distanciamiento cognitivo, al modo de Darko Suvin (1979), cuando define el modo de producir los imaginarios de ciencia ficción, sobre una clase ociosa, la burguesía de su tiempo, presa por otra, la de los trabajadores estupidizados por alimentarse de las costumbres de esos otros más estúpidos que ellos. En Chimal la máquina del tiempo no es, en las palabras de Kustos, eso, una máquina del tiempo, sino un “par de tuerquitas, chiquitas, pegadas una a la otra, [la cual se frota], como lámpara” (2012a, 63). Es un dispositivo sin sentido que, para que funcione, se le frote, como una lámpara mágica. Tal dispositivo más bien parece a una especie de objeto mítico-ritual. Con este Kustos se va a un “sitio de absoluta paz” (2012a, 63). En efecto, se va al Tibet en un futuro lejano: primero lo ve como un multiverso, donde están miles de Kustos, es decir de yoes, luego ve la ruina del Tibet. La desgracia de toda máquina del tiempo es destruir lo que ha horadado en el tiempo.
Un viaje de exploración a algún mundo, en el caso del relato “Así perdura la Atlántida”, nos pone en el lugar del absurdo. Allá uno es obligado a sorber por una manguera el mar. Podría ser un trabajo, pero luego uno se pregunta cuál es el motivo y a dónde conduce dicho trabajo. Kustos trata de racionalizar ese absurdo echando la culpa a la televisión creadora de imágenes incongruentes con la realidad. Y eso es lo fantástico: el darnos cuenta que nuestras imágenes de la realidad son los imaginarios de otros.
En “Adiós” enfrenta una especie de realidad anamórfica o distorsionada: Kustos ve con un ojo una realidad, la de su cuarto, mientras que, con el otro, un aeropuerto. La idea remite a ver con los ojos del camaleón. Los ojos, como máquinas del tiempo funcionan de modo separado, frente a dos realidades distintas. Y, ¿acaso nuestros ojos, confluentes, sincronizados, nos evitan ver los mundos posibles de nuestra imaginación?
Y puesto que la exploración de mundos de imaginación se sirve de mapas, dispositivos, ojos, jugar con el tiempo (incluso de las palabras), Chimal se ha vuelto un referente en eso que se llama la tuiteratura o literatura para Twitter. Sus cuentuitos demuestran el reto de jugar con las palabras, con la síntesis, con las ideas. Al respecto dice Chimal: “Disponer únicamente de 140 caracteres para escribir resulta un estímulo creativo excelente: si el escritor se concentra en textos unitarios y escritos individualmente, más que en la publicación seriada o en las historias colectivas que también son tendencias importantes de la escritura digital, la restricción es del todo análoga a la del escritor de sonetos o de haikús y funciona como un acicate creativo: el reto de explorar una forma al mismo tiempo que se le utiliza para contar” (2011b, 4). La minificción digital es un ejercicio que para muchos puede ser sinsentido o para otros un modo de hacer literatura efímera. Chimal emparenta este tipo de literatura con los haikus japoneses. Roland Barthes ha expresado su admiración por los haikus y ha dicho de estos que son formas breves, son notaciones (en sentido de enunciaciones sonoras de un pensamiento), actos mínimos de enunciación, una “holofrase” (2005, 55, 59 y 63). Me gusta esta última idea, la de la “holofrase” si la interpretamos con una enunciación que dice algo como si fuera una idea global; sin embargo, es una frase singular que parte de una complejidad.
Entonces en Chimal, la holofrase, el cuentuito, sugiere, insinúa, provoca. La fragmentación de piezas es la fragmentación de tramas que, desde la lógica digital, obliga más que nunca al lector a imaginar. Para el escritor mexicano, en esta nueva era de las telecomunicaciones mediadas por dispositivos como si fueran máquinas del tiempo, los textos literarios en Twitter son mutantes (2011b, 6). Esta palabra también común en la ciencia ficción supone lo cambiante hasta lo monstruoso o, si se quiere, un tipo de cuerpo-textualidad que cuestiona al canon literario, a la propia estética del cuento o de la novela convencional.
Y acá quisiera recuperar algunos de los textos de El viajero del tiempo, ese libro elaborado con base a posts en Twitter. Una versión digital de los mismos están en la revista digital Asymptote (Chimal 2015b):
“Un pasaporte del Viajero del Tiempo lo acredita como oriundo de un país que todavía no existe y nadie, nadie recordará cuando desaparezca”.
“El Viajero del Tiempo detuvo su máquina. Por un largo instante que nadie más percibió no hubo una sola muerte en toda la Tierra”.
“Franz Kafka volvió 9753 veces a ver el mismo trámite burocrático. —Gracias —dijo al Viajero del Tiempo. Despacio, pero sí: iba entendiendo”.
“El Viajero del Tiempo llevó a Platón a un cine a ver Matrix. Platón se fascinó con las luces que se apagaban en el recinto cavernoso”.
“El Viajero del Tiempo va a la infancia del funcionario que prohibirá los viajes en el tiempo. Lo observa jugar con su pelota. Suspira”.
“El Viajero del Tiempo va y muestra a Georges Méliès que allá lejos, en lo Vasto sin límites, todo se ve exactamente como en sus películas”.
“El Viajero del Tiempo regresó y persuadió al conde Vlad de atacar, primero que nadie, a Bram Stoker. Perdimos una gran novela pero también mil malas”.
“El Viajero del Tiempo sacó de la cárcel al Hombre Invisible, quien se sintió feliz –justificado en sus planes malévolos– hasta que el Viajero lo dejó en el País de los Ciegos”
“El Viajero del Tiempo regresó a asesinar a H. G. Wells. Luego vivió feliz, y en secreto, por toda la eternidad”.
He aquí un conjunto más o menos arbitrario de cuentuitos pero significativos. Se constata en general la cita: la referencia directa es, como se ha dicho, Wells y su obra, La máquina del tiempo (2012); pero hay más citas, por ejemplo a Platón y el mito de la caverna, a Méliès y el vasto mundo de imaginería que abrió con su cine; a Stoker, su obra y sus imitadores. Sobre el propio Wells una parodia respecto al hombre invisible quien va a parar al país de los ciegos, ambas referencias metatextuales. Como estas citas y metereferencias en la obra hay otros autores, otros momentos de novelas y paisajes literarios. Un avezado lector sabrá que los cuentuitos de Chimal, en este caso, apelan a los imágenes e imaginarios sedimentados en la mente del lector producto de su cultura literaria, de su fanatismo por las lecturas, etc. Asimismo, cada cuentuito es un reto a imaginar, sin referencia alguna, a un mundo posible: el futuro en el presente o en el pasado, o el pasado en el futuro, o alguien enredado entre las ventanas de Twitter.
Chimal tiene otro libro significativo usando el recurso de Twitter, 83 novelas (2010a). El título es sugerente y provocador. Si parafraseamos a Beatriz Sarlo, cuando habla sobre el haiku, se podría decir que un cuentuito es una forma maravillosa (dentro de lo fantástico) de contranovela (2005, 23). Y Chimal, como en el libro de El viajero del tiempo y como en este otro, 83 novelas, en efecto parece cumplir con esta idea: los cuentuitos son pequeñísimas novelas, en realidad contranovelas: por ello señala al comienzo: “El título no miente. Lo que sigue son 83 novelas. […] Los mundos narrados son pequeñísimos en la página pero se amplifican en la imaginación” (2010a, 5-6). Y para seguir el juego a romper con lo establecido, incluso sugiere: “Más de cuatro novelistas convencionales se beneficiarían de tirar a la basura, todas juntas, nueve de sus once novelas de 748 páginas; es sólo que no se atreven” (2010a, 6). ¿Un reto o una burla? La cuestión es: se puede plantear un mundo, como en el haiku, con un mínimo de palabras. La imaginación y el espíritu se encargarán de hacerlos crecer en grandeza.
Leamos al azar unas micronovelas:
“[Leyenda] / Los interrogaron con fierros y cuchillos para que revelaran el secreto del mundo. Uno cedió: despacio, comenzó la historia que los contenía”.
[El narrador] / Imágenes, y no palabras, le salían de la boca: figuritas que guerreaban, se besaban, hablaban con garbo y fuerza. / —Demasiado visual —se quejó un crítico”.
“[El engaño] / En la calle sintió que empezaba a convertirse en otro. Entre dolores indecibles alcanzó a llegar a la puerta de su casa. Luego no supo más, ella le abrió, lo reconoció, lo besó”.
Dejo la inquietud por estas micronovelas. Y con ello terminar en un hecho: cuando Chimal habla de “literatura de imaginación”, nótese que no se refiere a la “literatura de la imaginación”. Si quisiéramos hablar de “la imaginación” claramente nos estaríamos refiriendo a un acto operatorio, a una habilidad, a un proceso. Quizá el mismo hecho de decir “literatura de la imaginación” parecería indicar que la literatura deviene de un proceso donde cualquier escritor representa algo. Sin embargo, cuando se quita el artículo “la”, y queda “literatura de imaginación” el sentido es otro. María Noel Lapoujade plantea un sentido lato, dice ella, del término “imaginación”: “la función de producir imágenes” (1988, 9); a esta definición habría que añadir una redundancia: “mentales”, es decir, “función de producir imágenes mentales”. Entonces lo que Chimal nos sugiere y nos provoca es que toda literatura no puede quedarse en la descripción, sino que debe hacernos producir diverso tipo de imágenes mentales y que, en el terreno de lo fantástico, esto vendría a ser más potente, porque tales imágenes tendrían que ser para ver y salir de la realidad e ir a otra desde la cual nos podemos ver como en un espejo. Y de esto es lo que, a mi juicio, trata la obra de este notable escritor mexicano.
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Biografía del autor:

Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Candidato Doctoral en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Actualmente es Director de Postgrados y de Investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios. Asimismo es profesor invitado del programa de postgrado en Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Autor (entre otros) de Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004).


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Como en la guerra [así como en el amor]

El otro, su encuentro, los ciclos, los rituales, lo intertemporal, podría pasar párrafos reseñando con una enumeración a los temas encarnados en Como en la guerra de Luisa Valenzuela.
El texto empieza con una tortura llevándose a cabo en un presente huidizo, los hilos argumentales que aquí puedan presentarse como las piedritas que provocan una avalancha no hacen sino retroceder y devolvernos al pasado, de la Argentina (ubicada en algún lugar entre el ‘76 y el ‘82) terminamos [empezamos] en Barcelona, donde un polifónico narrador/protagonista/espectador/víctima/victimario toma las riendas del escenario, embarcándose en una búsqueda de la pérdida, la otredad eterna del no sentirse percibido; siendo la mujer a la que éste visita una suerte altar en la que sacrifica su visión de sí, al presentarse a su puerta dos veces por semana, ocultándose en diversos disfraces, diversas personas, diversas y fluidas voces que ella pretende no reconocer como multiplicidad del mismo hombre.

Cargando con estos mecanismos, el protagonista/[...] pretende analizar a la enigmática y casi deificada mujer en un intrincado esfuerzo por redescubrirse a través de ella al intentar perderse detrás de sus ojos, decodificándose a sí mismo en el proceso.
En el cuerpo del texto se interconectan pedazos de la redacción de dicho análisis, se salpican notas al pie y acotaciones de la analizada en cuestión, transformando a la lectura en un vaivén de voces, percepciones y juegos lingüísticos.

Y es ahí donde Luisa Valenzuela triunfa. La multiforme estructura y el baile de voces que uno puede escuchar al leer, no deja que su voz creadora, que es la que le da toda la fuerza a las palabras impresas para que el impulso a seguir pasando de página no se quede sin fuelle, quede irreconocible a lo largo de todo el cuerpo del texto.

"meterle adentro al amor/es andar como en la guerra", reza el epígrafe del libro. El conflicto entre ambos conceptos, la conflagración del sentir toma lugar frente a las candilejas en la segunda y subsecuentes partes del libro. El protagonista/[...] pierde sus muchas voces exteriores y las interioriza, juzgándose en un México cubierto por una niebla de ausencia, donde este “amor” y sus muchas [mal]interpretaciones se ponen a escrutinio con una rueda moscovita verbal, donde volvemos a un inubicable presente espaciotemporal, y esta niebla oculta todo rastro de sí misma, para que el lector se sienta tan perdido como acerca de quién lee, las hojas siguen pasando y el conocimiento de la pérdida del “yo” se hacen tangibles y partes de uno mismo.
Finalmente, y sin entrar en detalles, las últimas notas del libro tienen un sonido similar los últimos que escuchamos en La montaña mágica, de Thomas Mann. Donde el heroísmo radica no en la victoria, si no en la consciencia de la autopérdida como sacrificio ante un tiempo atroz e indiferente, como lo fue el Proceso de Reorganización Nacional, al que se critica de manera tanto sutil como a voz en grito sobre las páginas de Como en la guerra.
Tiempos “acongojantes y acojonantes” para parafrasear al narrador.

El captar las pautas, las notas, el leve deleite de los juegos verbales y temporales en la palabra ahí impresa, es algo que Valenzuela le deja de tarea al lector.


Biografía del autor:


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Educación Siberiana otra mirada del bien y el mal

“Educación Siberiana” es la novela debut del autor de origen ruso Nikolái Lilin, quien a través de la voz de un niño narra la historia de los Urcas o también llamados “criminales honestos” en la era post soviética. Esta novela es una interesantísima muestra del valor de la literatura rusa contemporánea.
Nikolái Lilin nació en 1980, en la ciudad de Bender (Tranistria), una región ubicada entre Moldavia y Ucrania. Durante la época de la revolución rusa su familia originaria de Siberia llegó a estas tierras para quedarse ahí, y formar una comunidad de “criminales honestos”. Las historias que los ancianos de su pueblo contaban, le sirvieron para alimentar su imaginación durante la infancia y es precisamente esto lo que impulsó a Lilin a convertirse en escritor.
Después de haber participado en la guerra de Chechenia con tan solo dieciocho años, emigró a Italia; hoy por hoy es un ciudadano italiano y toda su producción literaria está escrita en ese idioma. Es dueño de una tienda de tatuajes en Milán, donde trata de difundir la cultura del tatuaje de los Urcas, contando historias en la piel de la gente a través del dibujo.
“Educación Siberiana” fue llevada al cine en el 2013 bajo la dirección de Gabriele Salvatore y fue protagonizada por John Malcovich. Tanto el libro como la película han tenido gran éxito en Italia y en otros países de occidente. Lo curioso es que esta obra jamás ha sido traducida al ruso, debido a que el autor no ha llegado a un acuerdo con las casas editoriales de su país.
Los Urcas fueron una comunidad criminal ancestral originaria de Siberia, que mantenía sus propias reglas sociales y una moral un tanto cuestionable desde el punto de vista del lector occidental, a lo largo de esta novela se presentan problemas éticos que se resuelven generalmente de manera violenta, pero con el afán de hacer justicia.
Uno de los ritos de iniciación en el mundo criminal, es que los niños entre seis a diez años recibían una navaja llamada “pica”, que es un objeto de adoración similar a una cruz ortodoxa. Esta solo se la entregaba un adulto que no sea parte de la familia cuando el niño realizaba un acto heroico para merecerla.
La comunidad que describe Lilin, luchaba contra todo poder político, fueron enemigos de los representantes directos del régimen, la policía. Se dedicaban a algunas actividades ilícitas como: el tráfico de armas, robo de bancos, asalto de trenes, etc. Sin embargo eran personas que no tenían una fascinación por el dinero y el lujo. Aunque suene contradictorio, utilizaban el dinero para comprar iconos ortodoxos, armamento y la protección de su gente.
Se trataba de una sociedad, que según Nikolái Lilin protegía a los débiles a quienes llamaban “queridos por Dios”. Nikolái los describe como: “personas de una gran pureza interior”. Las personas discapacitadas física o mentalmente eran protegidas por los Urcas, la novela dice que mucha gente con problemas mentales llegó a la ciudad de Bender por la seguridad que les ofrecía. Lastimar a los “queridos de Dios” era para ellos un acto que debía ser castigado con la muerte. Lilin hace mucho énfasis en esto a lo largo de la novela.
La vida en el reclusorio es otro de los temas de la novela. Con mucha crudeza el autor describe la vida de los niños que eran abusados por policías e incluso por sus compañeros de celda. La vida violenta de las cárceles solamente se lograba sobrellevar a través de la protección de los miembros del mismo grupo criminal, los siberianos siempre se protegían unos a otros en estas circunstancias adversas.
Todas estas descripciones un tanto románticas de los “criminales honestos” que Lilin ha hecho, condujeron a una crítica despiadada por parte de diversos medios periodísticos, ya que la novela fue presentada como una autobiografía. Debemos apreciar “Educación Siberiana” por su valor como novela más que por la fidelidad que su narración pueda tener con la realidad, pues no se trata de un ensayo ni mucho menos de un libro de historia. Hay que disfrutar de la lectura de esta novela y abrirnos a un concepto diferente de ética.
La sabiduría que contiene este libro se puede resumir en la siguiente frase: “Mucha gente busca desesperadamente lo que no es capaz de conservar y comprender, por lo que se llena de odio y lo pasa mal toda la vida”.


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De la vestimenta y los hombres

La historia nos permite indagar en la realidad de un pueblo, descubrir su pasado para acercarnos al presente, creando una mirada reciente sin pretender ser distante, más bien que encaja con los rasgos existentes en el cual el pasado permanece vivo pero menos importante.
La vestimenta es uno de los reflejos que permite conocer más allá de sus fines utilitarios de elaboración, el de proteger el cuerpo de la intemperie cuando el tiempo – extremo frío o calor – no posibilita dejar la piel al descubierto y de ser el remedio del natural pudor que los hombres y mujeres suelen tener para no dejar descubiertas las que han llamado “sus vergüenzas”, es decir, sus órganos genitales; el atuendo pasa a tener otro atributo el de engalanarse.
Claude Stresser-Péan (Rabat, 1929) maestra en literatura francesa realizó un amplio trabajo investigativo junto a su esposo, el distinguido arqueólogo, historiador y etnólogo Guy Stresser-Péan, por varias ciudades de México donde conoció su cultura y le permitió entregar su obra “De la vestimenta y los hombres. Una perspectiva histórica de la indumentaria indígena en México”, una magnífica publicación gracias al Fondo de Cultura Económica, que nos acerca a través de una vasta exposición a la historia de la indumentaria.
Claude apoyo su trabajo basándose en códices o libros indígenas, objetos arqueológicos como esculturas y pinturas, crónicas de indígenas y españoles, así como en los conocimientos de su esposo para presentar un panorama de diferentes atavíos manufacturados por los pueblos mesoamericanos antes de la conquista y luego de consumada esta, a lo largo del periodo colonial hasta llegar a la actualidad.
La indumentaria era espejo en el que se reflejaban las diferencias sociales, económicas y de rango, su elaboración era con telas de algodón, fibras de manguey con hermosos diseños y bordados de colores determinados acorde a su clase social. Denotaban los rangos y profesiones de quienes usaban: guerreros o mercaderes, sacerdotes, maestros, gobernantes y sus respectivas mujeres, inclusive dioses. También se destacan los complementos de atavío corporal: peinados, los cactli o sandalias, las joyas -elaboradas con piedras semipreciosas, adornos de metales conchas y perlas-, entre otros, todos ellos de varios colores portadores a su vez de significaciones.
El origen, la evolución y la distribución geográfica de diversos vestidos son interpretados a la luz del contexto social, cultural y religioso, como señala Claude “El vestido es por sí mismo un lenguaje. Describía la vida y creencias de ese mundo pero después de la conquista su papel se modificó y vino a ser el reflejo de una sociedad desorientada […]”.
Claude Stresser-Péan hace este valioso aporte invitando a conocer la vestimenta de hombres y mujeres, un patrimonio tangible que nos acerca a comprender y analizar profundamente la sociedad mesoamericana, que encontraban en los atavíos elementos distintivos de sus estamentos, y exponer como más tarde el cambio provocó en el vestir el choque entre dos culturas.


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 UN REFERENTE CULTURAL PARA TODA HISPANOAMÉRICA

Javier Garciadiego, uno de los historiadores más renombrados en la actualidad en México, nos entrega un minucioso trabajo sobre el origen del sello editorial Fondo de Cultura Económica. Este libro, de no más de doscientas páginas, detalla todo el trabajo empleado para la creación y evolución del sello editorial desde las limitaciones para su fundación hasta lograr los resultados estupendos que lograría gracias a la pasión y convencimiento que tuvieron en este prestigioso sello editorial. Detalla todas las complicaciones y todas las alegrías que supo atravesar este magnánimo proyecto encabezado por Daniel Cosío Villegas y varios intelectuales españoles exiliados en México a consecuencia de la Guerra Civil que se impuso en España. Este trabajo es un excelente homenaje a todos los académicos e intelectuales que forjaron, con sus modernos pensamientos, un referente cultural, en México y en toda Latinoamérica, sabiendo sobrellevar todos los avatares que atravesaban aquellos tumultuosos tiempos y combatir aquella desidia que se expandía como una plaga por toda la humanidad.
Entrados los años treinta del siglo veinte, dos países, España y México, escribían distintos eventos históricos de suma importancia, que marcarían la línea de sus destinos. Mientras España entraba en un gobierno autoritario y fascista, México atravesaba un gran vacío intelectual por los severos rezagos que implantaron la revolución social y política en aquel país. España y México necesitaban reinventarse y tenían la obligación de prosperar desde las adversidades que atravesaban por aquel entonces.
Daniel Cosío Villegas, el gran visionario y fundador del Fondo de Cultura Económica consciente de todos aquellos vacíos, en materia económica, las principales humanidades y ciencias sociales emprende el colosal proyecto de introducir el pensamiento moderno europeo con la oportuna ayuda de todos los exiliados españoles que llegaron a México, los cuales se encargaron de traducir importantes obras del alemán, francés e inglés al español y que al mismo tiempo reanimaban la vida cultural e intelectual de aquel México descuidado y maltratado. El traslado de numerosos intelectuales y académicos españoles hacia América fue decisivo para la transformación de México ya que traían con ellos todas aquellas ideas innovadoras que bullían en la Europa de mediados del siglo xx, aquellas ideas que en el mundo de habla hispana carecían de una manera abrumadora. Aquellos intelectuales españoles abarcaban un vasto conocimiento en todas las áreas que Cosío Villegas quería introducir en su país, con el tiempo el Fondo de Cultura Económica llenó el vacío que existía en aquel entonces con todos los temas que por décadas habían sido descuidados y promovió el estudio e investigación de los grandes pensadores. Sus trabajos permitieron un mayor desarrollo del pensamiento de nuestro continente ya que éste se encontraba hasta entonces estancado, y es así como este proyecto editorial alcanzó el éxito en el lector de habla hispana, con el pasar del tiempo se convirtió en una fuente confiable de consulta e investigación para académicos e intelectuales.
Gracias a la creación del Fondo de Cultura Económica y a la publicación de libros útiles, se supo remediar la aparatosa crisis espiritual que atravesaba la humanidad, aquel agudo visionario, como lo fue Cosío Villegas, supo regodearse de la severas dificultades que atravesaba España para entregar al continente Americano uno de los legados más importantes y pilares fundamentales para nuestros pueblos como son el conocimiento y la cultura de otros países para de esta forma forjar y ampliar aún más nuestras propias ideas.
La historia del sello editorial Fondo de Cultura Económica es una de las más apasionantes que se ha escrito en tiempos de crisis del pensamiento, es un pasaje de la historia latinoamericana que influenció mucho en la construcción de nuevos ideales.


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ALISA GANÍEVA UNA JOVEN PROMESA

Alisa Ganíeva nació en 1985 en Majachkalá, capital de Daguestán, una de las repúblicas del Cáucaso norte que forman parte de la Federación Rusa. Hace más de trece años que vive en Moscú, en donde estudió teoría literaria en el Instituto Máximo Gorki.
En el 2009 ganó el Debut Prize con la novela ¡Salam Dalgat!, la cual escribió bajo un seudónimo masculino Gula Kirachev, esto marcó el inicio de su carrera como novelista. La novela no se encuentra traducida al castellano.
“La Montaña Festiva” publicada en el 2014 en Rusia, es la única novela de Alisa Ganíeva disponible para los lectores de habla hispana, también ha sido traducida a otras lenguas como inglés, alemán y francés.
La editorial Turner nos presenta esta fantástica edición en el año 2015. Marta Rebón y Olga Korobenko son las traductoras al castellano de “La Montaña Festiva”, ellas han hecho un trabajo impecable, incluso han respetado los complejos términos daguestaníes que aparecen a lo largo de la novela incluyendo un detallado glosario al final. El diseño del libro es bastante original, la portada presenta la imagen de una mujer, la cual a través de un adhesivo desprendible tiene un velo o hiyab.
La novela transcurre en la actualidad, aunque la autora no precisa fechas; el tema central de la obra es el rumor de la construcción de un muro entre Rusia y el Cáucaso norte, la información no es confirmada por los medios de comunicación, mientras la ciudad de Majachkalá se encuentra en caos, vemos como las diferentes nacionalidades que conviven en Daguestán se enfrentan, y viejos rencores del pasado inflaman las protestas, los musulmanes ganan poder y se empiezan a imponer las leyes islámicas: cierran bares y discotecas, exigen a las mujeres la utilización del velo, incluso se destruyen obras de arte.
La autora utiliza diversas voces para presentar la temática e incluso incursiona en diferentes géneros literarios como: la poesía, novela propagandística soviética, mitología daguestaní y artículos de prensa musulmana. Esto hace que sea una novela muy rica aunque compleja, ya que siguiendo la tradición rusa está llena de personajes que aparecen y desaparecen a lo largo de la narración.
Alicia Ganíeva ha declarado en algunas entrevistas que su estilo ha recibido influencia de los grandes narradores rusos, ha tomado de Dostoievski los lugares cerrados llenos de personajes donde hay un escándalo, de Chéjov la ironía y la brevedad de sus textos y de Tolstói el interés por el subconsciente. Alisa también es una gran admiradora de la literatura de lo absurdo, lo cual se ve también reflejado en sus textos.
Ganíeva aborda un tema de actualidad como la construcción de muros que separan a las naciones, si bien su novela está ambientada en el contexto ruso, es un tema que se puede extrapolar a otras realidades como la de México y Estados Unidos. Presentando también la paradoja de la falta de información en pleno siglo XXI, y el poder que ejercen las noticias falsas y los rumores en nuestros países.
“La Montaña Festiva” es una novela que se puede enmarcar en el género distópico, cuenta la historia de un territorio dominado por el poder musulmán, es importante destacar que esta temática fue usada un año más tarde por otros autores, como: el francés Michel Houellebecq en “Sumisión” o el argelino Boualem Sansal en la novela “2084”.
“La Montaña Festiva” es una lectura imprescindible para conocer la vida del Cáucaso, una realidad casi desconocida para los lectores occidentales.


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1849 DOSTOIEVSKI VUELVE A LA VIDA

Fiódor Mijailovich Dostoievski nació el 30 de octubre de 1821 en Moscú, segundo hijo de Mijail Dostoievski.
Su padre era doctor, por lo que la familia tuvo que vivir en un pequeño departamento en la parte de atrás de un hospital de Moscú. La severidad de su progenitor hizo que Fiódor pasara la mayor parte de su infancia en casa sin tener mayor relación con otros niños. Esta situación afecto su capacidad para relacionarse socialmente durante toda su vida.
Cuando Dostoievski tenía diez años sus padres compraron un pequeña finca, lo que le permitió tener un poco más de libertad que en la ciudad. Durante sus estancias en el campo se dedicaba a la lectura y a la edad de doce años ya había leído todas las obras de Walter Scott.
En 1837 muere la madre de Fiódor casi al mismo tiempo que el “Poeta nacional”, Alexander Pushkin. La muerte de su esposa afectó profundamente al doctor Mijail Dostoievski quien decidió que sus hijos mayores debían ir a San Petersburgo a realizar sus estudios en la Academia Militar de Ingeniería.
En esta época los hermanos Dostoievski conocen al joven poeta Shidlovski con quien mantienen una entrañable amistad en sus primeros años “Petersburgueses”. Fue a través de él que se adentraron en las lecturas de autores como: Schiller, Hoffman y Balzac.
En 1839 muere el Doctor Mijail Dostoievski en circunstancias bastante extrañas, asesinado por sus siervos en venganza por los malos tratos recibidos. Sus hijos reciben una herencia considerable, la inmadurez de Fiódor la lleva al despilfarro del dinero que recibió y para 1842 y apenas podía mantener sus más elementales gastos. En 1843 recibe su título y un nombramiento en el Ministerio de Guerra, puesto que abandonó para dedicarse de lleno a la literatura.
Su primera novela “Pobres gentes” (1844) fue aclamada por grandes críticos de la época y por el famoso escritor Iván Turgueniev. Este inesperado éxito hizo que Dostoievski entrara en los círculos literarios más importantes de la época, sin embargo, su torpeza para la vida social y su vanidad le llevaron a mantener relaciones muy tensas con sus colegas.
La situación económica de Dostoievski era desesperada, por ello durante esta época se dedicó a escribir novelas cortas que publicaba en diferentes revistas como: Novela en nueve cartas (1845), El señor Projarchin (1846), Polzunkov (1847), Corazón débil (1848), entre otras. Todas estas obras se encuentran reunidas en un volumen “Cuentos Completos” coeditados por la editorial Fondo de Cultura Económica y Siruela y traducidos por Bela Martinova.
Los críticos literarios hablan de los cuentos de Dostoievski como obras menores, aunque el lector encontrará en ellos los primeros esbozos de los grandes personajes y argumentos de sus novelas posteriores.
1849 fue el año más dramático en la vida del escritor, en abril de ese año es detenido por complicidad en una conspiración contra el régimen zarista del círculo de Petrashevski, este grupo sin un objetivo en concreto se reunía a leer textos prohibidos y discutir sobre literatura y política. Estas reuniones clandestinas fueron descubiertas y muchos de sus miembros fueron detenidos y condenados a pena de muerte.
La víspera de navidad del año 1849, se organizó un simulacro de la ejecución, llevaron a los presos a la plaza Semiónovskaya, leyeron la sentencia de la pena de muerte y cuando iba a sonar el primer disparo los soldados leyeron la conmutación de la pena de muerte por trabajos forzados en Siberia.
Es este hecho “fortuito” es el que permite que hoy los lectores tengamos acceso a las grandes obras de Fiódor Dostoievski y cabe preguntarse qué hubiera sucedido si el zar Nicolás I no hubiese conmutado la pena de muerte. ¿Hubiésemos conocido los lectores de habla hispana a Dostoievski, como conocemos a otros escritores rusos? ¿Los traductores hubieran puesto atención en sus novelas cortas? ¿Los críticos hubieran estudiado sus obras? ¿Los psicoanalistas hubieran investigado la vida y obra de Dostoievski? O quizá ¿Dostoievski habría sido elevado por los bolcheviques al papel de mártir de la revolución?
La experiencia en Siberia fue crucial en su obra, es ahí donde tuvo contacto con el pueblo, esta dolorosa experiencia marcó toda su vida y probablemente le llevó a convertirse en un silencioso pero activo observador de la psicología humana, es por esto que sus personajes parecen cobrar vida ante nuestros ojos.
Para poder conocer mejor la vida y obra de Dostoievski el Fondo de Cultura Económica editó en castellano la biografía más detallada y objetiva que se ha escrito. El autor de esta obra monumental es Joseph Frank el crítico literario Norteamericano, en ella aborda la vida de Dostoievski dividiéndola en cinco etapas: La semilla de la rebelión 1821-1849, Los años de prueba 1850-1849, La secuela de la liberación 1860-1865, Los años milagrosos 1865-1871, El manto del profeta 1871-1881. Una lectura imprescindible para los dostoievskianos consumados e incluso para quienes quieren conocer una vida tan apasionante como su obra.


Biografía del autor:


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El Premio Nobel es cosa de Mujeres

El Premio Nobel de Literatura nos ha sorprendido en esta última década, ha dejado de otorgarse exclusivamente a novelistas, al tiempo que ha dado mucha mayor relevancia a la literatura femenina.
En definitiva, el premio ha roto esquemas en la última década.
En 2007, fue galardonada la inglesa Doris Lessing (1919- 2013), quien se mostró sorprendida cuando, en la entrada de su casa, encontró a varios periodistas listos para cubrir sus primeras declaraciones.
Lessing tiene una trayectoria muy interesante. Ha abordado temas que se han convertido en referentes del feminismo, pese a que ella dice no sentirse una feminista.
Su obra más destacada es “El cuaderno dorado”, recorre la vida de dos mujeres (Anna Wulf, escritora, y Molly Jacob, actriz) y aborda temas como la amistad, el compromiso del artista, las pasiones políticas, pero sobre todo la maternidad y la ternura.
El 2009, el premio le tocó a una autora por entonces desconocida en nuestro país: Herta Müller (1953), de nacionalidad rumana y perteneciente a una minoría germano parlante. Su obra se enfoca en la represión del gobierno izquierdista de Ceaucescu.
Una de sus novelas más interesantes es “Todo lo que tengo lo llevo conmigo”, donde cuenta, a través de la voz de Leopold Auberg, la persecución que sufrieron los rumanos en la época de Stalin. La historia está basada en la vida de Oskar Pastior (escritor rumano).
Acaso el interés de Muller por esta temática se debe a que su madre estuvo encerrada en un campo de trabajo en la Unión Soviética entre 1945 y 1950.
En el 2013, la ganadora del Nobel fue la canadiense Alice Munro (1931), quien escribe desde muy pequeña. Según explica, una de sus primeras lecturas le dejó profundamente impactada – “La sirenita” de Hans Christian Andersen – y sintió la necesidad de cambiarle el trágico final por uno feliz. Desde entonces, comprendió que quería contar historias con finales felices.
Alice Munro se casó en 1951 y mantuvo, por años, una vida tranquila en casa, sin abandonar la escritura. Cabe mencionar, fruto de su incansable trabajo, el libro “Las lunas de Júpiter” en el que aborda la vida de mujeres con vidas rutinarias y aburridas, pero que, de pronto, deciden revelarse y romper con la cotidianeidad.
La bielorrusa Svetlana Alexiévich (1948) ganó el premio Nobel en 2015. La academia sueca toma una decisión sorprendente y arriesgada, toda vez que Alexiévich es periodista y no literata en el sentido estricto de la palabra, sin embargo, su obra tiene un tinte literario.
La escritora recopila más de quinientas entrevistas para escribir un libro y luego las reescribe con estilo artístico. El resultado es una potente narración polifónica, al mejor estilo ruso.
Aborda temas de trascendencia histórica de la historia de la Unión Soviética, como en el caso de su libro “El fin del Homo Sovieticus”.
Uno de sus libros más importantes es “La guerra no tiene rostro de mujer”, donde, a través de los testimonios de mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial, nos cuenta el rol del sexo femenino en la guerra. Es una colección de historias escalofriantes que nos harán sentir la violencia y el sufrimiento de todo un pueblo.

En definitiva, es factible afirmar que esta última década es de las mujeres. Cuatro autoras y tres géneros diferentes – novela, cuento y relato periodístico –; se convierte en un triunfo femenino, al tiempo que una gran suerte para los lectores, quienes ahora tienen acceso, en su lengua, a obras de gran calidad que, en otros tiempos, estaban vedadas por prejuicios absurdos.


Biografía del autor:


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El gran escape,

Actualmente, es fundamental leer sobre economía. Si bien todos sabemos que existen países pobres y ricos – y que incluso dentro de estos últimos también hay desigualdad – desconocemos los orígenes del problema y las soluciones.

“El gran escape”, escrito por Angus Deaton, Premio Nobel de economía 2015, es un libro que cumple con aquel propósito y nos acerca a la realidad de nuestro siglo.

“Este libro es la historia de cómo la humanidad escapa de la privación y la muerte prematura de cómo las personas han conseguido mejorar sus vidas y han mostrado el camino a seguir a las generaciones posteriores”, menciona el autor.

El libro inicia con una anécdota sobre su familia, con la que explica cómo se alcanza un “Gran Escape”, a través de mejores oportunidades y mejores salarios.

Leslie Harold Deaton, padre del autor, nació en 1918, cerca de unas minas de carbón en un pueblo de Inglaterra, no pudo terminar los estudios secundarios y durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado en el ejército.

Afortunadamente no salió al campo de batalla debido a que le diagnosticaron tuberculosis, motivo de su regresó a casa y permitiéndole culminar sus estudios de ingeniería civil. Cuando sus ingresos incrementaron, Angus obtuvo una mejor educación y alcanzó a impartir cátedra en universidades de prestigio como Cambridge.

El padre de Angus Deaton vivió hasta los 90 años, se salvó de morir por la guerra o la tuberculosis – gran parte del progreso del que habla Deaton es el resultado de golpes de suerte – y se convirtió en ingeniero civil, cosa que ningún otro miembro de su familia había logrado hasta entonces. Sus hijos y nietos superaron el nivel de estudios e ingresos y es probable que la expectativa vida, de estos, sea mucho mayor que la de él.

¿Qué hace que esta historia sea tan importante para comprender la economía del mundo moderno?

De todas maneras, el problema de la desigualdad subsiste, toda vez que la riqueza del mundo se concentra en manos de pocas personas, quienes detentan el poder no solo económico, sino político.

“El gran escape” es un estudio minucioso de la sociedad moderna y de la distribución de la riqueza, pero sobre todo es un libro que permite al lector hallar alternativas interesantes a la pregunta de cómo reducir la desigualdad en un mundo competitivo e individualista.


Biografía del autor:


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Referentes de la literatura ecuatoriana publicados en el FCE

La imagen del Fondo de Cultura Económica ha transcendido alrededor del mundo por sus publicaciones, que le han permitido llegar a la población hispanoparlante, a través de sus 27 librerías en México y las 10 filiales en el extranjero. Considerado como uno de los sellos editoriales más importantes, ha publicado más de 10 0000 obras y registra un catálogo de 200 colecciones.

La participación de los escritores ecuatorianos no ha sido excepcionalmente grande, ya que son pocos los autores e ilustradores que han publicado junto a este sello editorial. En el ámbito de la literatura, solamente tres autores han dejado su aporte en la narrativa, el ensayo y la poesía, atravesando así fronteras al difundir sus obras con esta casa editorial.

Jorge Icaza nació en Quito en 1906. Pertenecía a una familia de clase media. Su infancia transcurrió en el latifundio de su tío, lugar que marcó sus obras al estar en un contacto permanente con la realidad social. Su novela “Huasipungo” (1934) popularizó su nombre tanto en el país como en Latinoamérica, figurándolo como un escritor indigenista. Si bien ya varios cuentos y novelas dejaban ver el genio de Icaza, fue “El Chulla Romero y Flores”, considerada su mejor novela y una especie de semiautobiografía de su vida bohemia, la que sobresalió y ahora forma parte de la “Colección Archivos” con una edición que, además de contar con la novela, adjunta una crítica a cargo de varios autores.

Miguel Donoso Pareja nació en 1931 en Guayaquil. Su padre era quiteño y su madre guayaquileña. Su tío fue Alfredo Pareja Diezcanseco, otra reconocida figura en la literatura ecuatoriana. Tras publicar su libro de cuentos “Krelko” (1962), fue exiliado y pasó 18 años viviendo y escribiendo en México, donde complementó su trabajo con la difusión cultural. Es considerado, después de Pablo Palacio, uno de los fundadores de la vanguardia latinoamericana. Miguel Donoso recuperó la tradición literaria nacional. Le fue otorgado en 2007 el Premio Nacional Eugenio Espejo, máximo reconocimiento que se concede a un autor en Ecuador, por el conjunto de su obra literaria. Podemos conocer sus obras en la edición “Cuentos completos”.

Javier Vásconez, quiteño. Nació en 1946 y vivió su infancia en el extranjero. Ha viajado por Europa, África, Estados Unidos y Latinoamérica. Se ha desempeñado como colaborador, promotor y editor de revistas y suplementos culturales; además de novelista y cuentista. Su trayectoria narrativa inició en 1982 con su obra “Ciudad Lejana”. Un año más tarde, ganó la primera mención en la revista Plural de México con “Angelote, amor mío”. Considerado como uno de los narradores contemporáneos más importantes del Ecuador. Posee una vasta obra que se ha recopilado en “Novelas a la sombra”, un volumen que reúne cuatro títulos “Jardín de Capelo” (2007), “El secreto” (2009), “Retorno de las moscas” (2005) y “La otra muerte del doctor” (2012).

Tres destacados escritores con obras publicadas por el sello editorial Fondo de Cultura Económica. Autores que han difundido sus perspectivas y contenidos tanto a nivel nacional como latinoamericano, permitiéndonos observar la evolución estilística ecuatoriana. Una oportunidad para los autores, ilustradores y lectores a proponer la publicación de su obra o participar en los diferentes concursos y premios que convoca anual o bienalmente el FCE.


Biografía del autor:


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Aquiles o El guerrillero y el asesino

Entregar las armas, de manera simbólica, de revolucionario para obtener el poder democráticamente en un país donde el conflicto armado estalla a raíz de la sublevación de un pueblo que en su historia ha sido oprimido, desde los campos, para luego esparcirse por las grandes ciudades. Un hombre, espantado e inconforme de las políticas internas de su país, es retratado magníficamente en la obra póstuma del gran escritor Latinoamericano Carlos Fuentes.

Carlos Pizarro Leongómez conocido como el comandante papito, apelativo que se le atribuyó por su evidente atracción física, se convirtió en uno de los dirigentes máximos del M-19, aquel grupo guerrillero que retoma el discurso de Bolívar, como bandera de lucha, para dirigirse a su pueblo de forma clara y contundente, llegando también a los oídos del poder político de ese entonces, que dirigía a toda la nación Colombiana con una descarada ejecución de decisiones e intereses personales.

“Bolívar tu espada vuelve a la lucha”

“Todas las revoluciones fracasan, pero entre tanto producen unos momentos muy padres”, Carlos Fuentes emplea veinte años de investigación sobre los inicios del conflicto interno colombiano, un conflicto que cada vez se le hacía mucho más grande ya que la violencia y la fragilidad política de aquel país día tras día se incrementaban. Entre anotaciones y charlas con sus amigos colombianos más cercanos, como fueron Gabriel García Márquez, Fernando Botero, formaba aquel rompecabezas llamado “la violencia” que cobijó con sangre y protestas las calles de Colombia, cuyo inicio fue el asesinato cobarde del líder político Jorge Eliécer Gaitán.

Julio Ortega, crítico, académico peruano y amigo muy cercano de Carlos Fuentes, es una pieza fundamental para componer ésta novela (crónica, biografía) inconclusa, siguiendo las indicaciones manuscritas del propio Carlos Fuentes y tomando ciertas decisiones para concluir un trabajo lleno de datos históricos, el cual se convirtió en un documento histórico exhaustivo y atrayente para el buen lector.

“Aquiles o el guerrillero y el asesino” una obra que no la debemos menospreciar y más aún cuando Colombia atraviesa un proceso de negociaciones para sellar definitivamente la paz, una novela actual con un trasfondo histórico.

“Los Estados Unidos dominan militarmente la América Latina sin disparar un solo tiro o sacrificar a un solo boy norteamericano”


Biografía del autor:

CARLOS FUENTES (1928-2012), reconocido intelectual y uno de los mayores novelistas Latinoamericanos, tiene una larga incursión en la novela, ensayo, teatro, cuento. "La región más transparente" (1958), "Aura" (1961), "La muerte de Artemio Cruz" (1962) son obras que han viajado por varias fronteras del mundo entero para llegar a lectores de indiscutible gusto por la novela Latinoamericana.

"La gran novela latinoamericana" (2011) un ensayo amplio sobre el inicio y la transformación de la novela latinoamericana fue uno de sus últimos excelentes trabajos del escritor.
Ha ganado varios premios de suma importancia por mencionar el Premio Príncipe de Asturias 1994; Premio Real Academia Española 2004 por Esto creo.
Fue catedrático de Harvard y Cambridge (Inglaterra)


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Tres escritoras que cambiaron la historia

El denominador común entre Leonora Carrington, Rosario Castellanos y Elena Poniatowska es México. Ese México en el que se mezcla lo americano con lo europeo, donde las mujeres han sido protagonistas de su historia. Como lo asevera Rosario Castellanos: “En la historia de México hay tres figuras en las que encarnan, hasta sus últimos extremos, diversas posibilidades de la feminidad. Cada una de ellas representa un símbolo, ejerce una vasta y profunda influencia en sectores muy amplios de la nación y suscita reacciones apasionadas tanto de adhesión como de rechazo. Estas figuras son: la virgen de Guadalupe, la Malinche y Sor Juana” (p.467).

Leonora Carrington nació en 1917 en Inglaterra. Su familia fue de origen burgués y le dio una educación tradicional. Sentía pasión por los caballos, pasión que se refleja en su obra. Desde muy joven se reveló del yugo paterno. Decidió estudiar arte en Francia y pasó a formar parte del grupo de los surrealistas. Ahí conoció a Marx Ernst, con quien mantuvo un apasionado romance, que terminó con la entrada de los nazis. Tras refugiarse en España, fue internada contra su voluntad en un sanatorio, después buscó refugio en la Embajada Mexicana de Lisboa. Posteriormente, se afincó en la ciudad de México y conoció a varios artistas, entre ellos Dolores Varo, con quien hizo trabajos en conjunto. Murió en el 2011 en ciudad de México, antes de morir vio pájaros negros en la pared de su habitación, lo que según su hijo representa “su último cuadro”. Leonora fue realmente multifacética: pintora y escultora, también escribió e ilustró cuentos. El reflejo de su obra y vida es “Leche de sueños”, uno de sus libros más interesantes, con textos originales bellamente ilustrados.

Rosario Castellanos es mexicana. Nació en 1925, fue hija de un terrateniente y creció en medio del maltrato y sufrimiento de los indios. Vivió en soledad, ya que recibió educación dentro de su hogar. Rechazó las convenciones sociales y los conceptos tradicionales de feminidad que imponía su época. A pesar de siempre describirse como una mujer débil y tímida, su biografía nos muestra algo muy distinto. Sintió desde muy pequeña una gran afición por la literatura y, es en este mundo, donde descubre la poesía. Trabajó en el Instituto Indigenista de Chiapas, fue catedrática de la UNAM y profesora invitada en dos universidades en Estados Unidos con la cátedra de Literatura hispana. A los 44 años, se convirtió en embajadora de Israel, donde murió de manera inesperada: electrocutada con una lámpara doméstica. Pese a su prematura muerte, dejó una vasta obra que podemos encontrar reunida en dos tomos magistralmente editados por el Fondo de Cultura Económica.

Elena Poniatowska nació en Francia en 1932, tuvo orígenes nobles por parte de su padre y raíces mexicanas por su madre. Su abuela paterna, de origen norteamericano, fue quien hizo que Elena tuviera el primer contacto con la lectura. Tenía por costumbre reunir a Elena junto con su hermana y leerles en voz alta. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, su familia emigró a México. En aquellos tiempos, no era bien visto que una mujer de su clase social asistiera a la universidad. Sus padres decidieron que estudiara taquimecanografía, lo que supuso un contacto con el periodismo. Empezó su carrera en la prensa dentro de la sección de sociales del periódico Excélsior. Poco a poco, consiguió realizar entrevistas a grandes personalidades de su época. Su estilo estaba marcado por una sagacidad y audacia, ocultas tras la inocencia. Su obra como periodista llegó a la cúspide con su libro “La noche de Tlatelolco”, que recoge entrevistas a los estudiantes presos después de las manifestaciones del 68. Actualmente, Elena Poniatowska no solo se dedica al periodismo también es autora de varias novelas. “De noche vienes” es una antología de cuentos donde tenemos una perfecta conjunción entre la Elena periodista y narradora.

Estas tres mujeres han sido iconos del panorama cultural mexicano de los últimos tiempos. Revolucionarias para su época, lograron ganar un merecido espacio en la historia de México y fueron testigos y participes de la evolución de los derechos de la mujer. En palabras de R. Castellanos “Cada día una mujer (o muchas mujeres) gana una batalla para la adquisición y la conservación de su personalidad”.


Biografía del autor:


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Las cuatro partes del mundo Historia de una Mundialización · Serge Gruzinski

Octavio Paz escribió que –una sociedad se define no solo por su actitud ante el futuro sino frente al pasado–, por eso la lectura del libro “Las cuatro partes del mundo” es imprescindible.

–El rol del historiador es construir un diálogo entre el pasado y el presente–, declara Serge Gruzinski (1949), director del Colegio de Altos Estudios de Ciencias Sociales de Francia y autor de “Las cuatro partes del mundo”. Sostiene, además, que la mundialización es un proceso que arrancó en el periodo de la conquista, con el afán expansionista de las monarquías ibéricas.

A mediados del siglo XV, con la llegada de Colón a América y las expediciones de Vasco da Gama en las costas atlánticas de África, el mundo deja de ser eurocéntrico, especialmente por el descubrimiento de imponentes ciudades fuera de Europa.

Durante el siglo XVI, América se convierte en el centro del mundo, pues México es el puente que comunica Asia con Europa, mientras Brasil se transforma en el nexo entre Portugal y África.

Las investigaciones de los colonos y el aporte de los misioneros, quienes se dedicaron a estudiar diversas culturas con la finalidad de cristianizar a las poblaciones, respondían únicamente a los intereses de la monarquía.

Según Gruzinski, –no se aprende una lengua únicamente para comunicar y darse a entender o redactar sermones. El conocimiento de la lengua local también permite penetrar los mundos desconocidos donde los europeos se internan– (p. 246).

Una de las cualidades más fascinantes de esta obra son las pequeñas historias a través de las cuales el autor ejemplifica la “mundialización”. Por ejemplo: Domingo Chimalpahin, cronista indígena mexicano, quien tuvo una formación mestiza, en sus escritos aborda las noticias de la época en los cuatro continentes sin salir de México, como cuando se refiere al asesinato de Enrique IV en Francia, o a los cuadros de los mártires de Nagasaki pintados en Macao.

Gruzinsky también relata la historia de María Barbosa, nacida en Évora, quien fue expulsada de Portugal por brujería. En África, María de Évora continúa con la práctica de la hechicería y se convierte en alcahueta. La sentencian y deportan a Brasil, donde nuevamente fue perseguida por la inquisición por actos inmorales, los mismos que empujaron al Santo Tribunal a perfeccionar sus métodos de persecución en los tres continentes. Esta fue otra de las manifestaciones de la mundialización.

La obra concluye con una comparación entre la mundialización ibérica y la mundialización actual, que se ha logrado por medio del cine hollywoodense, a través de conceptos como el mesianismo y el milenarismo, latentes aun hoy dentro de nuestras culturas.


Biografía del autor:

Es archivista, paleógrafo y doctor en historia. En la actualidad se desempeña como director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique y director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

De sus estancias en Italia, España y México han surgido hondas investigaciones sobre la colonización de México y la reacción de los indios frente a la conquista española: La colonización de lo imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI al XVIII (FCE, 1991), La guerra de la imágenes: de Cristobal Colón a ‘Blade Runner’ (FCE, 1994). La mezcolanza de formas y estilos entre la América precolombina y la Europa del Renacimiento inspiraron su obra L’Amerique de la conquête peinte par les Indiens du Mexique (1991) y L’Aigle et la Sybille (1991). En conjunto con Carmen Bernard profundizó en sus reflexiones acerca del continente americano en el libro De la idolatría. Una arqueología de las ciencias religiosas (FCE, 1992) y en los volúmenes Historia del Nuevo Mundo I: del descubrimiento a la Conquista. La experiencia europea 1492-1550 (FCE, 1996) e Historia del Nuevo Mundo II: los mestizajes (1550-1640) (FCE, 1999). Después de explorar el destino de la capital mexicana (La ciudad de México: una historia FCE, 2004), emprendió una reflexión sobre las formas y los mecanismos del mestizaje en La Penseé métisse (1999).
Fondo de Cultura Económica también ha editado Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización (2010).


Obras publicadas


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De repente en lo profundo del bosque por Amos Oz

De la pluma del escritor israelí, Amos Oz, nos llega una magnífica publicación, gracias a la editorial Fondo de Cultura Económica en colaboración con Siruela: “De repente en lo profundo del bosque”, una obra de narrativa juvenil que motiva a su lectura a través del misterio.
Considerado uno de los escritores contemporáneos más relevantes, devela desde sus escritos su propia biografía y la de Israel, como una visión donde se ofusca y rediseña la realidad histórica de este pueblo.
Esta parábola, cargada de simbolismo y metáfora, nos relata la aventura de dos niños, Maya y Mati, en quienes se despierta la curiosidad por encontrar la verdad que se esconde detrás de la extraña maldición que ha caído sobre la aldea.

Los niños guardan un gran misterio que los aleja de los demás. Con el pasar de los días, sus deseos de indagar crecen. Sin importar nada, desobedecen la ley establecida y se internan en el bosque para descubrir la desaparición de todos los animales y cómo influye el extraño espíritu Nehi, el demonio que atormenta noche a noche a los habitantes.
Una historia entretenida y amena, narrada en treinta tres capítulos, donde la duda de lo aparente les conducirá a una gran aventura. Su cercanía a la fantasía hace que el lector se guíe por la intuición y lo inconsciente, para llegar a las profundidades en las que la propia historia se sumerge.

El libro se encuentra dentro de la colección “A través del espejo” del Fondo de Cultura Económica, que pretende ser el puente ideal para quienes van dejando atrás la literatura infantil y buscan nuevos espacios de lectura. Estos títulos se encuentran dirigidos especialmente para jóvenes a partir de los 12 años.
La colección “A través del espejo” ofrece bellísimos relatos de escritores y estilos muy dispares. Entre otros títulos del propio Amos Oz se encuentran: “La bicicleta de Sumji” y “Una pantera en el sótano”. Se suman también otros reconocidos escritores como: Kevin Brooks, León Krauze, Ricardo Chávez Castañeda, entre otros.
Sin duda, una excelente obra y colección, que los lectores podemos disfrutar tanto por su fácil accesibilidad como por sus historias adaptadas a cualquier edad. Una historia que en palabras del autor: “se revela a veces, sólo un instante, a quien busca con los ojos del espíritu, a quien sabe escuchar con los oídos del alma y tocar con los dedos de la mente”.


Biografía del autor:

Amos Oz nació en Jerusalén en 1939. Es un escritor, novelista y periodista israelí, comprometido con el proceso de paz en Oriente Medio.
Galardonado con el Premio Israel de Literatura (1998), Premio Goethe de Literatura (2005) por su libro autobiográfico “Una historia de amor y oscuridad” y, recientemente, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2007).


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Novelas a la sombra, de Javier Vásconez | Fernando Montenegro

El jardín oculto de Javier Vásconez

Fernando Montenegro

Javier Vásconez, Novelas a la sombra, FCE, México, 2016, 328 p.

Un jardín es una remota isla de añoranza, una réplica del paraíso (…). Pero también es un intento de compensar el caos en el que vivimos ––pensaba Sorella––, de ordenarlo todo trazando senderos llenos de flores, plantando árboles, levantando laberintos hechos de setos de boj.

Jardín Capelo

Con la compilación de cuatro de sus novelas, "Novelas a la sombra", el Fondo de Cultura Económica ha querido celebrar en este 2016 los setenta años de vida del escritor ecuatoriano Javier Vásconez. Sin duda una buena forma de abrirse paso o revitalizar el desolado, con frecuencia, panorama de la literatura ecuatoriana, que ya necesita publicaciones como ésta aunque sea para confirmar que Vásconez es, sin vacilación alguna, su narrador vivo más importante. Esta afirmación no sólo se corresponde con el hecho concreto de que Vásconez sea el escritor ecuatoriano más leído fuera del de su país, sino porque ha sido el más persistente de todos ellos. Es, como lo afirma Pedro Ángel Palou, el creador de una literatura entera o, por lo menos, de su postulación. Vásconez no ha escrito la esperada “gran novela nacional” ––ésa nunca ha sido, por otra parte, su ambición––, pues cree entender, como Borges, que una literatura nacional es una estrategia de lectura más que un contenido. Las ambiciones literarias de Vásconez son, en este sentido, más borgianas. Por ello debe entenderse la construcción de un sistema de textos que dialogan, se superponen y responden a un programa que parece tener el objetivo de enfrentarse a los dilemas propios de un escritor de principios de siglo. Por otra parte, Vásconez, contrario a muchos escritores de su generación (dentro y fuera del Ecuador) que se han dedicado a perseguir puestos en embajadas o en altas esferas del Estado, se ha dedicado a hacer lo que mejor sabe: escribir novelas cortas de muy recomendable lectura y cuyo consumo es aún más gratificante en un solo volumen como el presente.

Probablemente no exagere al decir que "Novelas a la sombra" se asemeja, y acaso sea legítima heredera, de 2666, de Roberto Bolaño (alguna de ellas fue publicada antes). Al fin y al cabo, las “cinco partes” son en realidad cinco novelas que no superan jamás las 350 o 400 páginas, es decir, novelas de mediana extensión o, en todo caso, novelas que no se parecen en nada a “la gran novela latinoamericana”, de la que tanto le gustaba hablar a Carlos Fuentes. Se suele pasar por alto que Bolaño, como Vásconez, jamás escribió un texto de dimensiones bíblicas, que más bien se concentró en novelas de corta o mediana duración y que 2666 (y el conjunto de su obra narrativa) es, en el fondo, un efecto de lectura o una forma de plegar y yuxtaponer diferentes textos completamente autónomos aunque íntimamente relacionados (perversamente). De allí que Novelas a la sombra produzca la sensación de que estamos frente a un mundo con sus propias reglas, lleno de ecos, de espejos y de laberintos. Por lo general, Vázconez erige este mundo mediante una serie de mecanismos que exceden la simple interconexión a través de personajes o lugares comunes. Ese sistema de contigüidades y oposiciones, de líneas narrativas paralelas como perpendiculares, responde a un trabajo no exento de rigurosidad con los problemas fundamentales de la globalización como fundamento estético. Con esto no quiero decir la obviedad de que Vásconez, como cualquier otro autor de nuestro tiempo, reflexione sobre las posibilidades y aporías de la globalización, sino que incorpora críticamente los modos de representación con que ésta se posibilita. La lectura de este cuidado volumen nos recuerda que el trabajo del novelista consiste en habitar narrativamente el mundo.

La primera novela, "Jardín Capelo", originalmente publicada en 2007, retorna a un escenario, las afueras de Quito, que Vásconez había retratado con vehemencia en El viajero de Praga, siempre como el contrapunto de la lluviosa y ajustada capital andina. Capelo es una localidad primaveral y de veraneo que, sin embargo, esconde un secreto terrible sobre la naturaleza contradictoria de sus habitantes. Una de las protagonistas, Manuela, lectora de Marguerite Duras, de educación parisiense, cosmopolita, visita la casa donde en otros tiempos había tenido lugar la historia de sus ancestros. En una segunda mirada, esa apacibilidad aparente de la hacienda se revela en forma de ruinas. Las ruinas dejan ver los intersticios de un crimen fundacional: “¿Qué tenía en común aquel ambiente desamparado con sus amigas? ¿Cómo podía combinarse el sufrimiento de quienes vivieron entre esas paredes con la voz quebrada por la sensualidad de su amiga Isadora? ¿Debía reconstruir piedra por piedra la historia de esa hacienda? ¿Había ido a registrar el melancólico estremecimiento de las palmeras delante de la galería o quizá debía conservar en su mente el rostro ensimismado del indio rondando por algún rincón en la oscuridad?”

En lo sucesivo Manuela escuchará, de una voz que bien podría ser fantasmal, como la Eduviges de Rulfo, la historia no de un crimen familiar ––sujeta a su vez a la historia nacional–– aunque de manera oblicua. En la mencionada historia, Jordi Sorella, un jardinero catalán que había sido contratado para embellecer la hacienda de un juez, se ve envuelto en un entramado de acontecimientos que van desde el crimen pasional hasta el incesto y el espionaje. A través de Jordi, que establece un romance con la hija del patrón, se observa la violencia latente en la economía sexual y simbólica que articula la hacienda como institución clave de la vida nacional. Esto es, claro, la voluptuosa relación entre el indio, el mestizo y el blanco. La Hacienda es el lugar en el que intiman las clases sociales diversas de los Andes ––una intimidad, por cierto, enferma de violencia, y que sólo puede terminar en un crimen––. La lógica de la hacienda (no en vano se suele decir hasta hoy que el Ecuador es una hacienda que devino país) invade cada ámbito de las relaciones humanas, sobre todo las más íntimas, como si Vásconez nos propusiera la siguiente fórmula: mientras mayor sea la intimidad, mayor será la violencia.

Esta fórmula quizá también esté reflejada de manera muy clara en la segunda novela (la más breve de todas), "El secreto", de 1996. Allí se cuenta la historia de “El monstruo de los Andes”, aquel célebre violador y asesino de niñas, especialmente indígenas, a quien se le atribuyen más de trescientos asesinatos en Ecuador, Colombia y Perú. Un anticipo, a su modo, de lo que luego Bolaño relataría en “La parte de los crímenes”. Salvo que el enfoque de Vásconez está en el criminal, aunque lejos de buscar un primer plano, un plano realista o de crónica roja ––digámoslo así––, se concentra en entender los rasgos eminentemente humanos detrás del monstruo. Este texto puede leerse junto a aquellos memorables de su compatriota Pablo Palacio, “Hombre muerto a puntapiés” y “El antropófago”, escritos asimismo con cierta distancia irónica, tomando una posición crítica frente al problema de la verdad policial o periodística. Ciertamente, la construcción del personaje de Vásconez nos permite observar lo cerca que está el humano del monstruo y cómo las motivaciones de un criminal laten desde siempre en las más simples y planas vicisitudes de la vida cotidiana. Así empieza el relato: “Al principio sólo fue un pañuelo y había ocurrido dos años atrás, cuando una fría tarde de noviembre, y como si se tratara de un acto inocente y sin importancia, extrajo subrepticiamente aquel pañuelo de la cartera de una adolescente”. Como Palacio, Vásconez entiende que el problema del mal jamás puede ser reducido a la psicología desviada de un sujeto o a una historia personal patológica. La forma de mirar este fenómeno exige considerar relatos más poderosos, aunque también más sutiles, como el sigiloso monstruo de Vásconez. Uno de los problemas que Vásconez se permite postular es el tema del extranjero. Quito es una ciudad extremadamente xenofóbica (poblada por migrantes, paradójicamente), de modo que el foráneo (el monstruo era colombiano) es también una oportunidad para trastornar y explicitar las voracidades que, de otro modo, permanecerán ocultas en la ciudad. Cuando el monstruo toma la palabra, su retórica nos recuerda algo que nosotros mismo somos: carne de su carne.

"El retorno de las moscas", de 2005, es una pieza de género que busca instalar a George Smiley, un personaje de John Le Carré (a quien también hace personaje del relato), en la Quito contemporánea. La narración comienza planteándonos un crimen, respetando las normas más conocidas de una novela negra. Smiley debe resolver el asesinato de un tal Gregorivus Ostrakov, un supuesto espía soviético que había dejado con su muerte una serie de interrogantes que lindan con un problema político internacional de cierta repercusión. Evidentemente, los personajes están alimentados por el entramado de la Guerra Fría, aquella partida de ajedrez que, como en toda la región, se jugaba a veces en localidades tan marginales como la propia Quito. Lo interesante de este relato no es tanto la novela en sí misma sino la tensión formulada entre lo local y lo global. El entramado de la Guerra Fría es el discurso sobre lo global y la ciudad andina, que nunca se dice que es Quito (aunque lo sea), poblada por personajes marginales y abyectos que representan lo local. Disiento aquí con Christopher Domínguez Michael, quien en el prólogo de este libro afirma que El retorno de las moscas es un capricho del autor ecuatoriano que responde a su afición y conocimiento del género policial. En el centro de esta novela, desde mi perspectiva, se encuentran las mismas preguntas que posibilitan toda la obra de Vásconez. No es que el novelista haya querido “adaptar” el género policial a su ciudad natal, sino observar qué le sucede a ese género cuando se enfrenta a las contradicciones locales de los Andes. Quizá por eso la novela no se juega en la resolución del crimen. No se reestablece ningún orden o equilibrio vulnerado, sino por el contrario: se acepta la violencia inherente de la ciudad andina como sinécdoque de la experiencia colonial. Así concluye Smiley: “todo es un asunto estrictamente local”.

La última novela, "La otra muerte del doctor", publicada en 2012, nos devuelve al doctor Kronz, aquel memorable personaje que conocimos en El viajero de Praga hace exactamente veinte años. El doctor Kronz, como es sabido, es un homenaje inequívoco a Josef K, no sólo por su nacionalidad sino porque a través suyo vemos el transcurrir de un siglo, el xx, que fue más kafkiano que cualquier otra cosa (y acaso también sígalo siendo el presente). En esta ocasión lo vemos convertido en víctima de un asesinato que posibilita, a medida que nos adentramos en la narración, un viaje hacia su pasado, particularmente a sus años de medicina rural, los cuales habían transcurrido en algún pueblo perdido de los Andes, envuelto siempre entre la melancolía y la neblina. De aquellos tiempos, Kronz recuerda a Cecilia, una joven maestra de escuela con quien mantuvo un amorío, tan intenso como fugaz, y que tenía la particularidad de escribir poemas que resultarán claves para comprender el atentado contra Kronz mientras asistía a una conferencia en Nueva York. Este misterioso crimen yuxtapone algunos elementos y a veces los cambia de sitio. En primer lugar, la paranoica Manhattan con el silencioso y remoto páramo andino, pero también la relación entre escritura y memoria o, si se prefiere otra fórmula, civilización y barbarie. Sin saberlo, o quizá justamente por ello, Kronz se encuentra atrapado en una pugna milenaria que, nuevamente, no sólo discute el lugar del escritor ecuatoriano (un escritor menor) en la cultura universal, sino que problematiza ambas categorías, así como el asunto de la modernidad en un país tercermundista. No en vano una de las imágenes que recorre toda la novela, y que tiene un peso fundamental en su resolución, es la de un accidente aéreo acaecido en la mitad del páramo, como si en ese colapso las fuerzas que dominan la narrativa de Vásconez se colapsaran, en efecto, aunque aquel colapso no carezca de elegancia. Para el autor ecuatoriano, el avión representa sin duda su trayectoria como escritor, mientras que el paraje frío de las montañas andinas es el paisaje de una literatura (la ecuatoriana) que ha persistido en su folclorismo.

Kronz es el ejemplo del hombre moderno; pero, como Josef K, es incrédulo frente a lo que no puede ver, y una de las formas de ese escepticismo se observa precisamente en la relación que tiene con Cecilia. Cecilia, no obstante, es también una sinécdoque del proyecto modernizador ecuatoriano: es maestra, es de rasgos ligeramente indígenas (como las niñas de El secreto) y, sobre todo, cree en el amor como sintaxis de la nación o de su promesa: “El doctor había experimentado un sentimiento de extrañeza, de distanciamiento, cuando una mañana salieron a caminar juntos por el páramo, él sabiendo que iba a perderla y ella muy seria mirándolo con desconfianza. ¿Acaso se estaba enamorando? (…) Día tras día se reprochaba que estuviera enamorándose de una maestra de escuela. En esos tiempos tan lejanos como insensatos, el doctor sentía aversión por el amor. Le parecía un acertijo, o lo que hay antes de hundirse para siempre”.

El producto de este desencuentro es Lionel, hijo de Cecilia y responsable del atentado contra el doctor Kronz, presuntamente su padre. El crimen tiene lugar en Nueva York porque es allí donde Cecilia se encuentra viviendo desde hace casi dos décadas como migrante económica, víctima de un fenómeno muy propio del Ecuador de finales del siglo xx. Lionel, en consecuencia, se ha convertido en delincuente. Este personaje es quizás análogo a aquel de la novela de Chico Buarque, Budapest, que se ha convertido en un skinhead beligerante, producto del abandono de su padre, un eterno extranjero, como el propio doctor Kronz. El atentado al protagonista de La otra muerte del doctor podría ser la forma en que Vásconez nos muestra los dos extremos de un mundo globalizado.

En un estudio publicado el año pasado, "Beyond Bolaño: The global Latina American novel", el crítico Héctor Hoyos detectaba las razones por las cuales, especialmente en la década de los noventa, ciertos autores hispanos se habían dedicado a escribir novelas sobre la Segunda Guerra Mundial. Allí se respondía que éste era el modo en que, autores como Ignacio Padilla o Jorge Volpi, buscaban inscribirse en una cultura global que los atropellaba (valía poco, entonces ya, resistirse). Anquilosada y todavía bajo la sombra del boom, América Latina había quedado al margen de “la gran historia del siglo xx”, que es la Segunda Guerra Mundial (y la otra, la Guerra Fría). El propio Hoyos se lamentaba, sin embargo, de que algunas de estas novelas fallaran al hacer una crítica narrativa de la globalización, tal como lo había conseguido hacer Bolaño en La literatura nazi en América, o el propio Chico Buarque en Budapest. Esa crítica que quiere Hoyos radica en hacer el ejercicio anverso al de Volpi en En busca de Klingsor, para dar el ejemplo más célebre posible. Esto es: notar cómo esas grandes narraciones globales trastornan y son trastornadas cuando se enfrentan a las historias locales del suroriente del mundo. En mi opinión, Novelas a la sombra prueba que Vásconez ha conseguido instaurar un universo narrativo que lidia con esta realidad. Es por eso que se le puede leer, más que de obras, como un autor dueño de una literatura o de un mundo novelesco que permite publicaciones como ésta. La importancia de Vásconez no es, otra vez, la asimilación de la cultura global (en realidad europea) a la cultura local (la de la región andina del Ecuador), sino la forma en que ocurre este diálogo abarrotado de desencuentros y fracturas. Por eso en sus novelas nos da la sensación de estar leyendo un texto que pertenece a otro más abarcador, como aquel texto de Borges: “El jardín de senderos que se bifurca”. No es gratuito que la idea de jardín sea tan importante en Vásconez ("Jardín Capelo" y "La otra muerte del doctor" son dos ejemplos de ello), al punto de que una de las últimas imágenes del doctor Kronz sea precisamente en su jardín, rodeado de bonsáis, acaso una representación más de su biblioteca. Novelas a la sombra, más que una compilación de esos textos, explícitos y secretos, es una propuesta de lectura.


Biografía del autor:


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Anotaciones para una teoría del fracaso

El escritor mexicano Gabriel Bernal Granados hace un salto hacia el pasado transportándonos a los siglos XIX y XX con su libro “Anotaciones para una teoría del fracaso”, publicado por el sello Fondo de Cultura Económica donde ensaya dos temas que sin duda alguna apasionan a espíritus curiosos y sensibles como son la escritura y la pintura.

En este ensayo aparecen diversas figuras que a lo largo del tiempo se han convertido en claves indiscutibles para el surgimiento de nuestra modernidad crítica, una modernidad donde el arte, en todas sus manifestaciones, ha tomado un penoso papel secundario y que también se ha ido degenerando a causa del adormecimiento de las necesidades artísticas espirituales. Son diecisiete ensayos los que componen este libro, un viaje a través de las vidas y obras de escritores como Stéphane Mallarmé, Herman Melville, Pierre Michon y Jorge Luis Borges; pintores como Lucian Freud, Paul Cézanne, Edgar Degas, Caspar David Friedrich, Egon Schiele o también Thomas Eakins.

Inicia el libro con el tema del naufragio, el cual alude a la metáfora del hombre sin norte, hombre abatido y olvidado por causa de la inefable época moderna en la que, estos artistas sin remedio alguno, se van adentrando lentamente. Hombres que por su propia cuenta se sumieron en la marginalidad de su tiempo o que tal vez fueron obligados a hacerlo por la incomprensión inaudita de sus contemporáneos.

Con un estilo para nada ampuloso Gabriel Bernal Granados explora minuciosamente el azar y el naufragio de estos grandes artistas ya mencionados, una estupenda crítica de la cultura de aquellas épocas donde el arte aún se lo vivía en su plenitud con todos sus riesgos, desventuras y efímeras felicidades.


Biografía del autor:

Gabriel Bernal Granados nació en la ciudad de México en 1973 es poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha sido editor de Libros y también ha colaborado en varias revistas de México, España, Estados Unidos y entre sus obras destacan El manan-tial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986–2002 (Conaculta, 2002), Partituras (Universidad Veracruzana, México, 2000), De persiana que se abre (tsè-tsè, Buenos Aires, 2000), Historia Natural de uno mismo (Libros del Umbral, México, 2002) y Objetos sobre una mesa. Desorden armonioso en arte y literatura (FCE/ Turner, España, 2002).


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Paisaje caprichoso de la literatura rusa

La traductora mexicana Selma Ancira, a través de la editorial Fondo de Cultura Económica, nos trae una interesante selección de textos rusos.

Se podría pensar que conformar una antología es una labor complicada, sobre todo cuando hablamos de literatura rusa, toda vez que existen numerosos autores de gran envergadura. Sin embargo, en el caso de Paisaje caprichoso de la literatura rusa, la secuencia de textos escogidos posee una naturalidad extraordinaria.

Juntos forman una hermosa composición y un recorrido fantástico por los mejores años de la literatura rusa, desde la edad de oro – Pushkin, Gógol, Dostoievski, Tolstoi y Goncharov –, hasta la edad de plata – Blok, Pasternak, Tsvetáieva, Gumiliov.

El libro cuenta con un prólogo de Juan Villoro, quien nos habla de la vida de la traductora, al tiempo que revela detalles sobre los textos que facilitan su interpretación y lectura.
En otro apartado, encontramos un comentario de la traductora y la interesante introducción a la primera edición que se enfoca en las relaciones ruso-mexicanas.

Paisaje caprichoso de la literatura rusa se compone de dos partes: la primera dedicada a la ficción y la segunda, al ensayo, ambas traducidas magistralmente por Ancira.
Finalmente, para comprender la secuencia de la antología, encontramos pequeñas biografías de cada autor incluido.

La antología es un abreboca de la literatura rusa, pero también una joya por la singularidad de cuentos y ensayos, que probablemente no se hallarán en otros libros.

La edición es bien cuidada hasta en los pequeños detalles. La fotografía de la portada muestra una iglesia rusa reflejada en un charco – tomada por la mismísima Selma Ancira –, metáfora de lo que debe ser una traducción: “un reflejo fiel del original, conservar la textura y los claro oscuros del original y mientras más fiel sea el reflejo más acertada será la traducción”.

La frase pone de manifiesto el espíritu de Ancira y su entrega a la labor de traductora. Como resultado, nosotros los lectores podemos disfrutar de un magnífico libro y del contacto con autores que, de otra manera, serían desconocidos.


Biografía del autor:

Selma Ancira nació en la ciudad de México en 1956. Hija del aclamado actor de teatro Carlos Ancira, quien interpretó varias obras de autores rusos, entre ellas el famoso monologo basado en un texto de Gógol, Diario de un loco, dejando una profunda huella en la vida de la traductora.
A los dieciocho años obtiene una beca para estudiar filología en la Universidad Estatal de Moscú. Tras años intensos de estudio, descubre su pasión por la traducción a través de los textos de Marina Tsvetáieva.
Ha realizado traducciones de autores como Pushkin, Dostoievski, Gogol y otros escritores, concentrándose sobre todo en Tolstoi y Marina Tsvetáieva. También es la traductora de poetas griegos como Yanis Ritsos y Seferis.
Ha sido galardonada con varios premios por su labor como la Medalla Pushkin en el 2008, el premio Marina Tavestáieva y, recientemente, el premio Read Rusia 2016 por Paisajes caprichosos de la literatura rusa.


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